Lunes, comienza la semana, que día tan pesado, te das cuenta que hay miles de cosa que no hiciste y por las cuales vos ahora vas a tener que estar corriendo de una punta de la ciudad a la otra, llegas a tu casa cansado, y sucio por el abundante smog de la ciudad.
Prendes la hornalla, colocas la pava sobre el fuego que baila alegre y burlón, te acurrucas a un costado de la cocina intentando buscar algo de calorcito contenedor.
Inmediatamente empezas a sentir paz [nadie se dio cuenta que el calorcito nos da sensación de protección?], no sabes si es por el gas, o por el cansancio acumulado de haberte levantado a las 6 de las mañana pero los ojos se empiezan a entornar, por suerte la pava ya comienza a hacer ruidos molestos indicando que es hora de sacarla del fuego.
Abrís un filtro, bajas la lata de café de la alacena, inmediatamente se llena de olor a grano [que delicioso!], volcas unas cuantas cucharadas sobre el filtro y dejas caer el agua, haciendo dibujitos con el café seco y el mojado, evitando que desborde del papel, pero a la ves con toda la ansiedad de que ya se termine la pava.
Un humito tentador sale de la jarra, olor a hogar en la cocina. Por fin te sentís donde deberías estar.
Buscas entre la alacena TU taza, la que hace que hasta el agua tenga su sabor especial, volcas el café recién hecho. Con las dos manos te aferras a la taza, esta caliente, pero no quema, en el punto justo, la acercas a tu nariz, deleite de los sentidos.
Antes de ir para el living le colocas tus dos cucharaditas de azúcar [eso siempre cambia según su degustador].
Llevas la taza hacia el sillón con el máximo cuidado de que no se derrame ninguna gota, prendes la televisión y buscas algún programa que te haga olvidar del día. Nada de noticieros ni programas sobre economía, solo distracción.
Te recostas cómodamente, desabrochas los zapatos que ya estaban comprimiéndote los pies, cerras los ojos intentas poner la mente en blanco, y recién cuando llegaste a el nivel de relax absoluto ahí le das el primer sorbo al café...
armonía
que lindas que son las tardes de invierno, cuando aprendes a disfrutar de las mas pequeñas cosas ¿no?
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