el mar tragaba ferozmente a todo ser vivo que atreviera a interrumpirlo en ese momento de violenta descarga.
sin embargo eso no la detuvo, lo miro como desafiándolo, su cuerpo quemaba al contacto, intenté frenarla, pero poco podía hacer, cuando algo se le metía en la cabeza era solo cuestión de esperar a que lo hiciera.
le pedí un ultimo beso, un adiós compartido, donde ella y yo solo seamos un mismo ser, solo una ultima vez. yo la necesitaba, en mi mente, en el contacto.
besos que sabían a flores, a maleza de no se donde, mil emociones solo con sentir su respiración acá, al lado mio.
no te vayas.
pero ella ya estaba desnuda, mirando al infinito.
no pude hacer nada, solo esperar como un observador pasivo en primera fila, como se tiraba sin mas freno a la eternidad.
estaba perfecta, como un ángel, daba pena saber que ya nunca mas la tendría cerca, o que el agua destruiría toda esa perfección de un segundo al otro.
y así la vi irse, lentamente y sin despedirse, lo que más me sorprendió fue que nunca retrocedió, ni freno.
podría haberlo evitado, pero su manera de caminar me hipnotizaba, o capaz fue toda la seguridad que parecía demostrar en ese momento.
sin embargo se fue , y yo no hice nada.
pero no es culpa lo que siento hoy en día, sino mas bien algo parecido al remordimiento de saber que había mil cosas mas que le quería decir antes que se vaya, y paralizada por el miedo de saber que nunca mas la vería preferí callarlas en un segundo de miedo.
hoy ya no hay vuelta atrás, esa es la cuestión.